LA PROHIBICIÓN

CBD

    Voy a intentar resumir la historia del porqué de la prohibición del Cannabis, haré unas reseñas previas de como estaba el Cannabis antes de su prohibición. Todo lo que relato a continuación está sacado del libro de Jack Herrer "El Emperador está desnudo". Libro que recomiendo como imprescindible.

    También conocida como: cáñamo [hemp en inglés], cáñamo cannabis, cáñamo hindú o de la India, cáñamo verdadero, mota, hierbita, hierba, marihuana, grifa, “la rojita”, ganya, bhang, dagga, etc., todos nombres para la misma planta.

    En 1619 se estableció la primera ley sobre marihuana en la Colonia de Jamestown, Virginia, “ordenando” a los agricultores a “hacer intento de” (sembrar) cañamón de la India. Leyes más mandatarias (debe sembrar) de cultivo de cáñamo fueron establecidas en Massachusetts en 1631, en Connecticut en 1632 y en las Colonias de Chesapeake ya a mediados del siglo XVIII.

    Se podía terminar preso en Estados Unidos por no cultivar cannabis durante varios periodos de escasez. Por ejemplo, en Virginia entre 1763 y 1767.

    Hasta en Inglaterra, el muy buscado premio de la plena ciudadanía británica era conferido por decreto de la corona a los extranjeros que cultivaran cannabis, y con frecuencia se aplicaban multas a quienes se negaban a hacerlo.

    Los medicamentos de extractos de cannabis eran producidos por Eli Lilly, Parke-Davis, Tildens, Brothers Smith (Smith Brothers), Squibb y muchas otras empresas y boticarios estadounidenses y europeos. Durante todo ese tiempo no se registró ni una sola muerte por medicamentos de extracto de cannabis, y prácticamente ningún abuso ni desórdenes mentales, excepto algunos pacientes que la usaban por primera vez, que manifestaban a veces estar desorientados o excesivamente introvertidos.

    La más antigua tela tejida conocida fue aparentemente de cáñamo, que empezó a ser trabajado en el octavo milenio (8,000 – 7,000 a.C.)

    Desde más de mil años antes de Cristo hasta 1883 d.C., el cáñamo, cannabis, es decir, la marihuana fue el mayor cultivo agrícola del planeta y su más importante industria, implicando miles de productos y empresas; produciendo la gran mayoría de fibras, telas, aceite para lámparas, papel, incienso y medicinas de la Tierra. Además, era la fuente primaria de aceite de cocina y proteínas esenciales para humanos y animales. Según casi todos los antropólogos y universidades del mundo, la marihuana también fue usada en la mayoría de religiones y cultos como una de las alrededor de siete drogas más usadas para alterar el ánimo, la mente o el dolor al administrarse como sacramento psicotrópico, psicodélico (que manifiesta o expande la mente). Casi sin excepción, estas experiencias (de drogas) sagradas inspiraron nuestras supersticiones, amuletos, talismanes, religiones, rezos y códigos de lenguaje.

    La principal razón de la guerra de 1812 (entre Estados Unidos y Gran Bretaña) fue el acceso al cáñamo cannabis ruso. El cáñamo ruso fue también la razón principal para que Napoleón (aliado de Estados Unidos en 1812) y sus aliados de los “Sistemas Continentales” invadieran Rusia es mismo año. (Ver Capítulo 12, “La Guerra (del Cáñamo) de 1812 y la Invasión Napoleónica de Rusia”) En 1942, luego que la invasión japonesa de las Filipinas cortó la provisión de cáñamo (abacá) de Manila, el gobierno de Estados Unidos distribuyó 200,000 kilos de semilla de cannabis a los agricultores estadounidenses de Wisconsin a Kentucky, quienes produjeron 42.000 toneladas de fibra de cáñamo anuales hasta 1945, cuando terminó la guerra.

    El cáñamo es, ampliamente, el principal recurso natural renovable de la Tierra. Es por ello que el cáñamo es tan importante.

    El 90% de las velas de los barcos (desde antes de los fenicios, desde por lo me nos el siglo V a.C. hasta bastante después de la invención y comercialización de barcos a vapor, entre mediados y fines del siglo XIX) estaban hechas de cáñamo. El otro 10% era por lo general lino o fibras menores como ramio, sisal, yute, abacá.

    La palabra inglesa “canvas” (lona, en castellano) corresponde a la pronunciación holandesa (removida del francés y del latín) del griego “kannabis”. Kannabis, del griego (helenizado) de la cuenca del Mediterráneo, se deriva del persa y las antiguas lenguas semíticas del norte (Quanuba, Kanabosm, ¿Cana?, ¿Kanah?) que los académicos han rastreado hasta los albores –hace 6,000 años– de la familia de idiomas indo-semítico-europeos de los sumerios y acadios. La antigua palabra sumeria/babilonia K(a)N(a)B(a) o Q(a)N(a)B(a) es una de las raíces de palabra de mayor supervivencia.1 (KN significa caña y B significa dos: dos cañas o dos sexos.) Además de las velas de lona, hasta el siglo XX casi todos los aparejos, cables de ancla, redes de carga, redes de pesca, banderas, mortajas y estopa (la principal protección para barcos contra el agua salada, usada como sellador entre vigas sueltas o de madera verde) estaban hechos del tallo de la planta de marihuana.

    Hasta la década de 1820 en Estados Unidos (y hasta el siglo XX en la mayoría del resto del mundo), el 80 por ciento de los textiles y telas que se usaban para hacer ropa, carpas, sábanas y linos*, alfombras, cortinas, colchas, toallas, pañales, etc., y hasta la bandera estaban hechos principalmente de fibras de cannabis. Por cientos, si no fueron miles, de años (hasta los años treinta), Irlanda hacía los más finos linos e Italia la tela más fina para ropa de cáñamo.

    Aunque estos hechos han sido casi olvidados, nuestros antepasados sabían muy bien que el cáñamo es más suave que el algodón, absorbe más agua que el algodón, tiene tres veces la fuerza de tensión del algodón y es muchas veces más durable que el algodón.

    La Farmacopea estadounidense señalaba que el cannabis debía usarse para tratar dolencias como la fatiga, accesos de tos, reumatismo, asma, delirium tremens [“diablos azules”], migraña y los calambres y depresiones asociadas a la menstruación.

    Muchos artistas plásticos y escritores han usado cannabis para estimular su creatividad: desde los que escribieron las obras maestras de la religión hasta los más irreverentes autores satíricos. Incluidos entre ellos está Lewis Carroll, con su gusano fumador en Alicia en el País de las Maravillas, además de Víctor Hugo y Alejandro Dumas; los grandes del jazz como Louis Armstrong, Cab Calloway, Duke Ellington y Gene Krupa; el patrón continúa hasta los músicos y artistas contemporáneos, pasando por los Beatles, Rolling Stones, Eagles, Doobie Brothers, Bob Marley, Jefferson Airplane, Willie Nelson, Buddy Rich, Country Joe & the Fish, Joe Walsh, David Carradine, David Bowie, Iggy Pop, Lola Falana, Hunter S. Thompson, Peter Tosh, los Grateful Dead, Cypress Hill, Sinead O'Connor, Black Crowes, Tierra Sur, Molotov, etc.

    En 1916, el Boletín No. 404 del Dpto. de Agricultura de Estados Unidos informó que un acre de cáñamo cannabis, en rotación anual durante un período de 20 años, produciría tanta pulpa para papel como 4.1 acres de árboles siendo talados durante el mismo período de 20 años. Este proceso sólo usaría entre 1/7 y 1/4 de los químicos ácidos contaminantes a base de azufre para disolver la lignina gomosa que une la fibra de la pulpa, o los obviaría por completo utilizando ceniza de soda. Toda esta lignina debe disolverse para hacer pulpa. La pulpa de cáñamo es sólo 4 a 10 por ciento lignina, mientras los árboles son de 18 a 30 por ciento lignina. El problema de la contaminación de los ríos con dioxina se evita en el proceso de hacer papel de cáñamo, que no necesita usar lejía (como lo requiere el proceso de fabricación de papel de pulpa de madera), sustituyéndola por la mucho más segura agua oxigenada en el proceso de blanqueado. Así, el cáñamo proporciona cuatro veces más pulpa con por lo menos cuatro a siete veces menos contaminación.

    A mediados de los años 30, cuando las nuevas máquinas mecánicas para pelar fibra de cáñamo y las máquinas para conservar la pulpa –rica en celulosa– del cáñamo finalmente fueron perfeccionadas, volviéndose disponibles y accesibles, las enormes extensiones de bosques y las empresas de la División de Manufactura de Papel de la Hearst, Kimberly Clark (EE. UU.), St. Regis –y virtualmente todas las demás madereras, papeleras y grandes empresas periodísticas– iban a perder miles de millones de dólares y tal vez hasta a quebrar.

    Coincidentemente, en 1937, DuPont acababa de patentar procesos para fabricar plásticos a partir de petróleo y carbón, lo mismo que un nuevo proceso de sulfato sulfito para hacer papel de pulpa de madera. De acuerdo a los propios archivos corporativos de DuPont y a sus historiadores, estos procesos respondían a más del 80 por ciento del conjunto de vagones ferroviarios cargados que la empresa transportó durante los siguientes 60 años, entrada la década de los 90.

    Si no se hubiese declarado ilegal al cáñamo, el 80 por ciento de las empresas de DuPont no se hubiesen materializado jamás y la inmensa mayoría de la contaminación que ha envenenado los ríos del noroeste y sudeste de Estados Unidos no hubiese ocurrido.

    Pero competir contra el papel de cáñamo ambientalmente sano y la tecnología natural para plásticos hubiese puesto en riesgo los lucrativos esquemas financieros de Hearst, DuPont y al principal respaldo financiero de DuPont, Andrew Mellon, del Banco Mellon de Pittsburg.

    En 1931, Mellon, en su rol de Secretario del Tesoro de Hoover, nombró a su futuro sobrino político, Harry J. Anslinger, como jefe de la recientemente reorganizada Oficina Federal de Narcóticos y Drogas Peligrosas (FBNDD), puesto que conservó los siguientes 31 años. Estos barones y financistas industriales sabían a mediados de los años 30 que empezaba a haber disponibilidad de maquinaria para cortar, embalar, descortezar (separar la fibra del material leñoso rico en celulosa), y procesar el cáñamo para fabricar papel o plásticos. El cáñamo cannabis tendría que desaparecer.

    Para el otoño de 1936, Herman Oliphant (asesor general del Departamento del Tesoro) había decidido emplear el poder para recaudar impuestos [del gobierno federal], pero en un estatuto inspirado en el Acta Nacional de Armas de Fuego y sin ninguna relación con el Acta Harrison [de narcóticos] de 1914. El mismo Oliphant estaba encargado de preparar el proyecto de ley. Anslinger instó a su ejército a dirigir su campaña hacia Washington. “La principal diferencia entre el esquema tributario de la marihuana y el del Acta Harrison es la noción del impuesto prohibitivo. Bajo el Acta Harrison, un usuario no médico no podía legítimamente comprar o poseer narcóticos.

    En 1930, el gobierno de Estados Unidos patrocinó el estudio de la Comisión Siler sobre los efectos de fumar marihuana en los soldados estadounidenses que se encontraban fuera de servicio en Panamá. Ambos informes concluían que la marihuana no constituía problema alguno y recomendó que no se aplicasen penas delictivas a su uso. A comienzos de 1937, el Asistente del Cirujano General de Estados Unidos, Walter Treadway, le dijo al Subcomité Asesor sobre Cannabis de la Liga de Naciones que “...puede ser usada durante un período relativamente largo sin derrumbamiento social ni emocional. La marihuana produce hábito... tal como lo hace... el azúcar o el café.”

    En los años veinte y treinta, los periódicos de Hearst fabricaron a propósito una nueva amenaza para Estados Unidos y una nueva campaña de periodismo amarillo para ilegalizar el cáñamo. Por ejemplo, la historia de un accidente automovilístico en el que se encontró un “cigarrillo de marihuana” dominaba los titulares durante semanas, mientras que los accidentes automovilísticos relacionados con el alcohol (que superaban a los accidentes asociados a la marihuana por más de 10,000 a 1) sólo alcanzaban las páginas posteriores. partir de la guerra entre España y Estados Unidos de 1898, el periódico de Hearst denunció a los españoles, los inmigrantes mejicanos y los latinos.

    Sin descanso durante las siguientes tres décadas, Hearst difundió la imagen del mejicano ocioso y marihuanero, que sigue siendo uno de los prejuicios estadounidenses más insidiosos.

    Entre 1910 y 1920, los periódicos de Hearst reclamaban que la mayoría de incidentes en los que se decía que un negro había violado a una mujer blanca estaban asociados directamente a la cocaína. Esto continuó por diez años hasta que Hearst decidió que no eran “negros aturdidos por la cocaína” los que violaban a las mujeres blancas; ahora se trataba de “negros aturdidos por la marihuana” violando mujeres blancas.

    El de Hearst y otros tabloides sensacionalistas publicaban titulares histéricos encima de historias que retrataban a negros y mejicanos como bestias frenéticas que, bajo la influencia de la marihuana, tocaban música “vudú-satánica” contra los blancos (jazz).

    En las reuniones secretas del Departamento del Tesoro realizadas entre 1935 y 1937, se esbozaron leyes de impuesto prohibitivo y se trazaron estrategias. La “marihuana” no fue prohibida de inmediato; la ley demandaba un “impuesto por derecho ocupacional a los comerciantes, y un impuesto por transferencia al comercio de marihuana”. Los importadores, fabricantes, vendedores y distribuidores fueron obligados a registrarse ante el Secretario del Tesoro y a pagar el impuesto ocupacional. El nuevo impuesto doblaba el precio de la “droga en bruto” legal cannabis, que por entonces se vendía a un dólar la onza.

    El 14 de abril de 1937 introdujo el proyecto de ley al Comité de Modos y Medios de la Cámara en lugar de hacerlo ante algún comité más apropiado, como el de alimentos y drogas, o el de agricultura, textiles, comercio, etc. Su razón pudo haber sido que “Modos y Medios” es el único comité que puede enviar sus proyectos de ley directamente al piso de la Cámara sin estar sujetos a debate por otros comités. El Presidente del Comité de Modos y Medios, Robert L. Doughton*, un aliado clave de DuPont, velozmente selló el proyecto de ley secreto del Tesoro y lo envió volando a través del Congreso al Presidente.

    El Dr. William G. Woodward, por ejemplo, quien además de ser médico era abogado de la Asociación Medica de Estados Unidos (AMA), testificó a nombre de ésta. Dijo, en efecto, que todo el tramado de testimonios federales era sensacionalismo de tabloide. No se había escuchado ningún testimonio verdadero. Esta ley, pasada por ignorancia, podría estarle negando al mundo un medicamento potencial, especialmente cuando el mundo médico empezaba a determinar los ingredientes activos del cannabis.

    Los médicos de la AMA recién se dieron cuenta “dos días antes” de las audiencias de la primavera de 1937 que la planta que el Congreso intentaba ilegalizar era conocida médicamente como cannabis, la sustancia benigna usada en Estados Unidos con absoluta seguridad para tratar infinidad de dolencias desde hacía más de cien años. “Aun no podemos entender, Sr. Presidente”, protestó Woodward, “¿Por qué se ha preparado este proyecto de ley en secreto durante dos años sin el menor aviso, siquiera a la profesión, de que estaba siendo preparado?” El y la AMA* fueron rápidamente denunciados por Anslinger y el comité congresal en pleno, y lacónicamente despachados.

    Cuando el proyecto de ley del Acta del Impuesto a la Marihuana apareció para el informe oral, discusión y voto en el piso del Congreso, sólo una pregunta pertinente se alzó desde el piso: “¿Alguien ha consultado esto con la AMA para conocer su opinión?” El Representante Vinson, contestando por el Comité de Modos y Medios replicó: “Si, lo hemos hecho. Un tal Dr. Wharton [¿Woodward mal pronunciado?] y {la AMA} están totalmente de acuerdo.” Con esta mentira memorable, pasó el proyecto de ley, convirtiéndose en ley en diciembre de 1937. Fueron creadas las fuerzas policiales federales y estatales, que han encarcelado a cientos de miles de estadounidenses, añadiéndose a los más de 14 millones de años perdidos en penitenciarías y cárceles –aun contribuyendo a su muerte– todo para favorecer a industrias venenosas, contaminantes, sindicatos de guardias de prisión y para reforzar las políticas de odio racial de algunos políticos blancos.

    Antes de 1931, Anslinger fue Asistente del Comisionado de Estados Unidos para la Prohibición. Anslinger, recuerden, fue escogido a dedo para presidir la nueva Oficina Nacional de Narcóticos por su tío político, Andrew Mellon, Secretario del Tesoro bajo el Presidente Herbert Hoover. El mismo Andrew Mellon era también dueño y principal accionista del sexto banco (en 1937) de Estados Unidos, el Banco Mellon de Pittsburg, uno de los dos únicos banqueros de DuPont. En 1937, Anslinger testificó ante el Congreso diciendo: “La marihuana es la droga que más violencia ha causado en la historia de la humanidad”. Anslinger expuso ante el Congreso, como si se tratara de un hecho comprobado, que alrededor del 50% de los crímenes violentos cometidos en Estados Unidos habían sido cometidos por españoles, inmigrantes mejicanos, latinoamericanos, filipinos, negros y griegos, y que estos crímenes podían rastrearse directamente a la marihuana. De hecho, las estadísticas del FBI, si Anslinger se hubiera molestado en verificarlas, demostraban que por lo menos entre el 65 y 75% de los asesinatos cometidos en Estados Unidos estaban –y siguen estando– asociados al alcohol.

    Virtualmente nadie en Estados Unidos, aparte de un puñado de empresarios ricos y sus policías alquilados, sabía que su principal competencia potencial –el cáñamo– estaba siendo ilegalizada bajo el nombre de “marihuana”. Así es. Lo más probable es que la marihuana sólo fuera un pretexto para la prohibición y supresión económica del cáñamo.

    1937, el año en que DuPont patentó el nylon y el contaminante proceso de sulfito para hacer papel de pulpa de madera. Todo el valor potencial del cáñamo se había perdido.

    Después que el “Informe La Guardia sobre Marihuana” de la ciudad de Nueva York (1938-1944) refutó su argumento, informando que la marihuana no causaba violencia alguna y citando otros resultados positivos, Harry J. Anslinger, en invectiva tras invectiva, denunció al Alcalde Fiorello La Guardia, la Academia de Medicina de Nueva York y los médicos que realizaron la investigación para el informe. Anslinger proclamó que estos médicos no volverían a hacer experimentos o investigación alguna sobre marihuana sin su consentimiento personal, ¡o serían enviados a la cárcel! Luego usó todo el poder del gobierno de Estados Unidos, ilegalmente, para detener prácticamente toda investigación sobre marihuana mientras chantajeaba a la Asociación Médica Estadounidense (AMA) para que denunciara a la Academia de Medicina de Nueva York y sus médicos por la investigación que habían realizado.

    Sin embargo, de 1948 a 1950, Anslinger dejó de alimentar a la prensa con el cuento de que la marihuana causaba violencia. Ahora se le decía al atemorizado público estadounidense que ésta era una droga mucho más peligrosa de lo que se pensaba originalmente. Testificando ante un Congreso vehementemente anticomunista en 1948 –y en adelante continuamente ante la prensa– Anslinger proclamó que la marihuana volvía a sus usuarios tan no-violentos, tan pacíficos –y pacifistas– que los comunistas podrían usar, y usarían, la marihuana para debilitar la voluntad de lucha en los combatientes estadounidenses. Este era un giro de 180 grados del pretexto original por el que el cannabis “causante de violencia” fue ilegalizado en 1937. Impávido, sin embargo, el Congreso votó ahora para continuar la ley de la marihuana, basada en un razonamiento exactamente opuesto al que había usado para ilegalizar al cannabis en primer lugar. Anslinger le dijo al Congreso que los comunistas les venderían marihuana a los muchachos estadounidenses para minar su voluntad de lucha, para convertir a Estados Unidos en una nación de zombis pacifistas.

    Por más de 3,500 años, cannabis/cáñamo/marihuana ha sido, dependiendo de la cultura o nación, la planta más usada o una de las más ampliamente usadas para medicamentos. Esto incluye: China, India, el Medio y Cercano Oriente, África, y Europa antes del Catolicismo Romano (anterior a 476 d.C.). El Dr. Raphael Mechoulam, la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre Marihuana (NORML), y las revistas High Times y Omni (Setiembre de 1982) indican que si la marihuana fuese legal, remplazaría inmediatamente del 10 al 20% de los medicamentos farmacéuticos que se prescriben (basándose en una investigación a lo largo de 1976). Y probablemente, estima Mechoulam, del 40 al 50% de todos los medicamentos, incluyendo los patentados, podrían contener algún extracto de la planta de cannabis de ser plenamente investigados.

    La Marihuana fue el analgésico número uno de Estados Unidos durante 60 años antes del redescubrimiento de la aspirina alrededor de 1900. De 1842 a 1900 el cannabis representaba la mitad de los medicamentos vendidos, prácticamente sin temor por su acción psicoactiva. El informe de 1839 sobre los usos del cannabis por el Dr. W.B. O’Shaugnessy, uno de los más respetados miembros de la Real Academia Británica de Ciencias, fue tan importante para la medicina occidental de mediados del siglo XIX como los descubrimientos de los antibióticos (como la penicilina y la terramicina) lo fueron para la medicina de mediados del siglo XX.

    Legiones de investigadores estadounidenses tuvieron indicadores positivos con el uso del cannabis en anorexia, tumores y epilepsia, lo mismo que como antibiótico de uso general. Los hallazgos cumulativos mostraban evidencia de la ocurrencia de resultados favorables en casos de la enfermedad de Parkinson, anorexia, esclerosis múltiple y distrofia muscular, además de cientos de historias anecdóticas, que ameritaban subsiguientes estudios clínicos.

    Sin embargo, en 1976, cuando la investigación multidisciplinaria sobre marihuana tendría que estar entrando en sus estudios de segunda, tercera y cuarta generación, una política “sorpresa” del gobierno de Estados Unidos prohibió nuevamente toda investigación federal prometedora sobre los efectos terapéuticos de la marihuana. Esta vez, la prohibición de la investigación fue lograda cuando algunas empresas farmacéuticas estadounidenses solicitaron exitosamente al gobierno federal que se les permitiese financiar y juzgar el 100% de la investigación. Los diez años previos de investigación habían indicado una tremenda promesa para los usos terapéuticos del cannabis natural, y este potencial fue reservadamente depositado en manos corporativas; no para beneficio del público, sino para acallar la información médica. Este plan, a petición de los fabricantes de drogas, daría tiempo a las empresas farmacéuticas privadas para producir sintéticos patentables de las moléculas de cannabis sin costo para el gobierno federal, y la promesa de no tener efectos psicoactivos.

    A las corporaciones farmacéuticas privadas se les permitió hacer alguna investigación “sin efecto psicoactivo”, pero se trataría sólo de investigación de THC Delta-9, y de ninguno de los otros 400 isómeros potencialmente terapéuticos del cannabis.

    NORML, High Times, y Omni (setiembre de 1982) indican que Eli Lilly, Laboratorios Abbott, Pfizer, Smith, Kline and French, y otros perderían cientos y hasta miles de millones de dólares al año, y que perderían miles de millones más en los países del Tercer Mundo si la marihuana fuese legal en Estados Unidos.

    Las empresas farmacéuticas se apoderaron de toda la investigación y el financiamiento sobre análogos de THC, CBD, CBN, etc. sintéticos, prometiendo “sin efectos psicoactivos” antes de consentir los productos en el mercado. Eli Lilly introdujo la Nabilona y más adelante el Marinol, primos segundos sintéticos del THC Delta-9, y prometieron grandes resultados al gobierno. El Marinol funcionaba tan bien como la marihuana sólo en el 13% de los pacientes.

    Omni sugiere, y NORML y High Times concurren, que la razón por la que las empresas farmacéuticas y Reagan/Bush/Clinton sólo querían legalizar el THC sintético es que la sencilla extracción de los cientos de ingredientes de la droga en bruto del cannabis no requiere de las patentes de las empresas farmacéuticas, que generan provechosas ganancias monopólicas.

    Eli Lilly, Pfizer y otras empresas podrían perder por lo menos un tercio de la totalidad de su muy rentable monopolio de patentes sobre drogas tales como el Darvon, Tuinal, Seconal y Prozac (lo mismo que otros medicamentos patentados que van desde los ungüentos musculares a las pomadas para quemaduras, y miles de otros productos) por una planta que cualquiera puede cultivar: el cáñamo cannabis. ¿No es curioso que las empresas farmacéuticas estadounidenses y los grupos de farmacéuticos* proporcionen casi la mitad de las subvenciones para las 4,000 organizaciones del tipo de “Familias Contra la Marihuana” en Estados Unidos? La otra mitad la proporcionan Action (una agencia federal de VISA) y las empresas tabacaleras como Philip Morris y fabricantes de licores y cerveza como Anheuser Busch, Coors, etc., o –como “servicio público”– las agencias de publicidad que los representan.

    Existen más de 60 compuestos terapéuticos en el cannabis que son agentes curativos en tratamientos médicos y herbales. El principal es el THC, y la efectividad de la terapia es directamente proporcional a la potencia de la hierba o la concentración de THC.

    El 5 de noviembre de 1996, 56% de los ciudadanos de California votaron a favor del Acta del Uso Compasivo en California (iniciativa por la marihuana medicinal) dando fin a los empeños del estado por evitar que la marihuana sea usada como medicina por los ciudadanos de California. Los ciudadanos de Arizona, en noviembre de 1996, también aprobaron, por un margen aún mayor –65%– una iniciativa para la desclasificación de las drogas que incluía a la marihuana medicinal, con el respaldo de, entre otros, el difunto Senador estadounidense Barry Goldwater. El gobernador y la legislatura de Arizona, ejercitando su capacidad de anular por veto sus leyes de iniciativa estatal por primera vez en 90 años, aplastaron esta iniciativa popular aprobada por el pueblo. Los ciudadanos de Arizona respondieron airadamente volviendo a recolectar más de 150,000 firmas en un periodo de referendo de 90 días y rápidamente devolvieron la iniciativa por la marihuana medicinal al voto para noviembre de 1998.

    Mientras aceptaba al vino como sacramento, y toleraba la cerveza y los licores, la Inquisición vedó el uso de cannabis en España en el siglo XII, y en Francia en el XIII. Muchos otros remedios naturales fueron prohibidos simultáneamente. Cualquiera que usara el cáñamo para comunicarse, curar, etc. era tachado de “brujo”. Santa Juana de Arco, por ejemplo, fue acusada en 1430-31 de usar una variedad de drogas herbales de “brujos”, incluyendo al cannabis, para escuchar voces.

    1937: El cáñamo es vedado. Un estimado de 60,000 estadounidenses fuma “marihuana”, pero prácticamente todos [en Estados Unidos] han oído de ella gracias a la campaña de desinformación de Hearst y Anslinger.

    1945: La revista Newsweek informa que ya son más de 100,000 las personas que fuman marihuana.

    1967: Millones de estadounidenses fuman hojas y flores de cáñamo habitual y abiertamente.

    1977: Decenas de millones fuman cannabis habitualmente, y muchos cultivan sus propias plantas.

    1998: Uno de cada tres estadounidenses, casi 90 millones de ciudadanos, ya lo han probado por lo menos una vez, y como 10-20% (25 a 50 millones de estadounidenses) siguen prefiriendo comprarlo y fumarlo habitualmente, a pesar de las pruebas de orina y leyes más severas.

    Ya no voy a acabar éste largo resumen del porque nos encontramos con esta situación surrealista, que a sabiendas de que algo es bueno para la salud esté prohibido¡¡¡

    “Toda ley que puede ser violada sin hacerle daño a nadie es irrisoria.” Baruch Spinoza, filósofo (c. 1660).

    Todas las leyes anti prohibicionistas sobre el cultivo de la planta deben ser retiradas de los libros, incluyendo la Convención Única de Estupefacientes de la ONU de 1961 [suscrita en 1962], en la que Anslinger representó a Estados Unidos. Aunque fue obligado a retirarse por un enfadado Presidente Kennedy, entre otras cosas, por sus ridiculeces en la Convención, el legado de mentiras y patrañas de Anslinger sigue vivo. El gobierno de Estados Unidos les debe una disculpa a todas las personas que han cumplido tiempo en la cárcel o penitenciaría por cannabis (un agregado de 14 millones de años), a los que han sido enjuiciados, perdido su educación, su familia, su profesión, y a quienes han visto su vida, sus ahorros y su salud destruidos. También les debe una disculpa a los maestros, policías y jueces honrados –aunque ignorantes– por su falta de valentía para decir la verdad y educarlos. Pero los líderes corporativos y gubernamentales de mente metalizada que han actuado ilegalmente para censurar y refutar la innegable verdad del cáñamo no tienen perdón. Se Exige de la Justicia nada menos que el levantamiento de todas las condenas (penales y civiles) y la supresión de todas las restricciones al cultivo y uso –fumado o no– de esta planta extraordinaria. Los presos por posesión, venta, transporte o cultivo pacífico de cáñamo cannabis deben ser inmediatamente puestos en libertad. El dinero y las propiedades incautados deben ser devueltos. Los antecedentes deben ser limpiados, la amnistía concedida, y algún tipo de reparación debe pagarse por el tiempo cumplido. Los presos por cannabis son las verdaderas víctimas del monstruoso crimen llamado “Guerra Contra las Drogas”. Al final, las medidas a medias no serán aceptables. Mientras tanto, se debe comenzar por una moratoria de la sanción de las leyes sobre cáñamo/marihuana. Además, se necesita actuar rápidamente para restaurar y expandir los archivos y registros históricos sobre el cáñamo y sus múltiples y valiosos usos. Educa a todos sobre el cáñamo; habla todo el tiempo acerca de él. Busca productos de cáñamo, pide cáñamo, compra cáñamo. Defiende el cáñamo. Compra copias de "El Emperador está desnudo" para tu biblioteca pública local y para las bibliotecas escolares.

by TxominARAFAC